De manos de mi colega y amiga Roxana Di Carlo recibo Papeles Inesperados. Vaya que resultan inesperadas estas 486 páginas plagadas de textos del buen Julio Cortázar. No todos los días recibe uno sorpresas semejantes. Cronopios, desvaríos, Lucas, notas, prólogos, apuntes e inclasificables garabateos es lo que encontramos aquí. Todo absolutamente inédito. A 25 años de la muerte del gigantón, estos textos ven la luz y consuman el milagro literario. Si en los tiempos de Cortázar hubiera existido la blogósfera, estos textos arrumbados en una cómoda hubieran podido perfectamente ser su blog. Un libro que puedo leer en desorden y que sin duda se transformará en mi fiel compañero de verano. Después de todo, queremos tanto a Julio.
Thursday, July 09, 2009
Eres improbable; absoluta e insoportablemente improbable. Cierto, la historia de lo que pudo haber sido empieza con los millones de espermatozoides desperdiciados, con todos esos renacuajos que perdieron la carrera y las infinitas ecuaciones genéticas no consumadas. En ese sentido, el universo de los seres interrumpidos es un Aleph superpoblado y sí, podemos empezar a ponernos metafísicos y afirmar que cada ser vivo es una ínfima posibilidad en un millón. La expresión más acabada de la aleatoriedad, dirás tú; un milagro de Dios, dirían los monoteístas. El caso es que somos el colmo de lo aleatorio e improbable.
Habría bastado un mínimo movimiento para que no existieras. Hoy no serías y tus padres habrían seguido con sus vidas. El suyo habría sido sólo un noviazgo de prepa y al final se hubieran separado, como al final se separaron y tendrían uno del otro tan solo un recuerdo de cariñosa nostalgia. Habrían llegado a la vida adulta, se habrían casado con sus respectivas parejas y tú habitarías en el libro de la historia de lo que pudo haber sido. Pero tu naturaleza de salmón acabó por imponerse. La historia de lo que pudo haber sido no fue. Debe haber sido en septiembre, muy cerca del día en que Salvador Allende se inmoló en el Palacio de la Moneda, cuando tu madre empezó a notar que algo raro pasaba con su cuerpo. Para cuando Jesús Piedra Ibarra y su comando de la Liga 23 de Septiembre acabaron con la vida de Eugenio Garza Sada, sin duda tu madre ya se había hecho a la idea de que vendrías. Cuando los Ramones y Rush grabaron sus respectivos primeros discos, tú estabas naciendo o estabas por nacer y tenías algo así como tres semanas de nacido cuando los Tigres ascendieron a Primera División batiendo a la UdeG. Cumpliste dos meses cuando la Naranja Mecánica de Cruyff inmoló el mejor futbol del mundo en el altar de la efectividad germana en el olímpico de Munich y sí, la historia de lo que pudo y debió haber sido dice que Holanda tenía que ser campeón y tú no deberías estar existiendo ni tus padres debían estar cambiando pañales, sino continuando con sus estudios y sus juventudes sin mayores preocupaciones. Pero exististe y deja tú eso: lo peor es que todavía existes y tu existencia es una vela en el huracán, un árbol que se aferra a la estabilidad en medio de las tempestades de un mundo que se cae a pedazos, un laberinto de aleatoriedad e improbabilidad. Tu vida es un oscilar entre la idea de la más absurda aleatoriedad y la inmutabilidad de un destino de tragedia griega. Las jugarretas de un azar caprichoso o el designio de una deidad cruel. Un entramado de anárquicas casualidades o el cumplimiento preciso de una profecía. Tu concepción no fue ordinaria ni aburrida y si existes, fue por el cumplimiento preciso de mil casualidades. Tu muerte, sospecho, tampoco será ordinaria y paso a paso, irás cumpliendo cada uno de los aleatorios pasos que te llevarán hacia ese siempre absurdo último momento. Pero esa improbable historia de lo que todavía no ha sido, es harina de otro costal.
Habría bastado un mínimo movimiento para que no existieras. Hoy no serías y tus padres habrían seguido con sus vidas. El suyo habría sido sólo un noviazgo de prepa y al final se hubieran separado, como al final se separaron y tendrían uno del otro tan solo un recuerdo de cariñosa nostalgia. Habrían llegado a la vida adulta, se habrían casado con sus respectivas parejas y tú habitarías en el libro de la historia de lo que pudo haber sido. Pero tu naturaleza de salmón acabó por imponerse. La historia de lo que pudo haber sido no fue. Debe haber sido en septiembre, muy cerca del día en que Salvador Allende se inmoló en el Palacio de la Moneda, cuando tu madre empezó a notar que algo raro pasaba con su cuerpo. Para cuando Jesús Piedra Ibarra y su comando de la Liga 23 de Septiembre acabaron con la vida de Eugenio Garza Sada, sin duda tu madre ya se había hecho a la idea de que vendrías. Cuando los Ramones y Rush grabaron sus respectivos primeros discos, tú estabas naciendo o estabas por nacer y tenías algo así como tres semanas de nacido cuando los Tigres ascendieron a Primera División batiendo a la UdeG. Cumpliste dos meses cuando la Naranja Mecánica de Cruyff inmoló el mejor futbol del mundo en el altar de la efectividad germana en el olímpico de Munich y sí, la historia de lo que pudo y debió haber sido dice que Holanda tenía que ser campeón y tú no deberías estar existiendo ni tus padres debían estar cambiando pañales, sino continuando con sus estudios y sus juventudes sin mayores preocupaciones. Pero exististe y deja tú eso: lo peor es que todavía existes y tu existencia es una vela en el huracán, un árbol que se aferra a la estabilidad en medio de las tempestades de un mundo que se cae a pedazos, un laberinto de aleatoriedad e improbabilidad. Tu vida es un oscilar entre la idea de la más absurda aleatoriedad y la inmutabilidad de un destino de tragedia griega. Las jugarretas de un azar caprichoso o el designio de una deidad cruel. Un entramado de anárquicas casualidades o el cumplimiento preciso de una profecía. Tu concepción no fue ordinaria ni aburrida y si existes, fue por el cumplimiento preciso de mil casualidades. Tu muerte, sospecho, tampoco será ordinaria y paso a paso, irás cumpliendo cada uno de los aleatorios pasos que te llevarán hacia ese siempre absurdo último momento. Pero esa improbable historia de lo que todavía no ha sido, es harina de otro costal.
Tuesday, July 07, 2009
Toda la Galia está dominada por los romanos ¿Toda? No. Una aldea poblada por irreductibles galos resiste ahora y siempre al invasor gracias a una poción mágica que los hace invencibles.
Todo México está dominado por el PRI. ¿Todo? No. Una península norteña poblada por irreductibles panistas, resiste ahora y siempre al tricolor gracias a… ¿gracias a qué? Aún no se cuál es nuestro secreto.
La cultura del pop es la expresión más acabada y grotesca de la basura humana. En días como este no me resta más que pensar que la humanidad es una raza francamente idiota, un ente débil y manipulable muy fácil de esclavizar. Hordas de descerebrados yacen al borde de la histeria ofreciendo fortunas por lograr un sitio en el funeral de un prietito pedófilo. Celebran eufóricos como si hubiesen realizado sus estúpidas vidas vacías por haber logrado un sitio en el sepelio, cuando se supone están sintiendo una profunda melancolía por la muerte de su ídolo. Imbéciles capaces de acampar por días afuera de la casa del prieto en cuestión, como si no hubiera en el mundo otra cosa que hacer. ¿Y sus vidas dónde están? ¿Han comido sus hijos? ¿Hay algo verdaderamente trascendente en su existencia? Si hay algo peor que Televisa, son los circos mediáticos gringos. Y lo de la basura pop, por desgracia, no únicamente lo aplico al prietito pedófilo sino también al Real Madrid y su Cristiano. El mundo hace bromas de muy mal gusto.
Todo México está dominado por el PRI. ¿Todo? No. Una península norteña poblada por irreductibles panistas, resiste ahora y siempre al tricolor gracias a… ¿gracias a qué? Aún no se cuál es nuestro secreto.
La cultura del pop es la expresión más acabada y grotesca de la basura humana. En días como este no me resta más que pensar que la humanidad es una raza francamente idiota, un ente débil y manipulable muy fácil de esclavizar. Hordas de descerebrados yacen al borde de la histeria ofreciendo fortunas por lograr un sitio en el funeral de un prietito pedófilo. Celebran eufóricos como si hubiesen realizado sus estúpidas vidas vacías por haber logrado un sitio en el sepelio, cuando se supone están sintiendo una profunda melancolía por la muerte de su ídolo. Imbéciles capaces de acampar por días afuera de la casa del prieto en cuestión, como si no hubiera en el mundo otra cosa que hacer. ¿Y sus vidas dónde están? ¿Han comido sus hijos? ¿Hay algo verdaderamente trascendente en su existencia? Si hay algo peor que Televisa, son los circos mediáticos gringos. Y lo de la basura pop, por desgracia, no únicamente lo aplico al prietito pedófilo sino también al Real Madrid y su Cristiano. El mundo hace bromas de muy mal gusto.
Monday, July 06, 2009
Enfermo en su mísero camastro de herrumbre económica y desempleo, el país siente nostalgia de sus fantasmas y jura en las urnas que todo tiempo pasado fue mejor. Con el PAN pagando platos rotos y el PRD a un paso del descenso a la división de los partidos pigmeos, el único que te sonríe desde la mecedora es tu abuelito el dinosaurio tricolor, el viejo zorro mañoso que sabe estar en el momento y en el lugar adecuado para jurarte que tu paraíso perdido yace en la prehistoria. Quien hubiera gobernado México en 2008 y 2009, fuera quien fuera, de izquierda o de derecha, habría pagado en esta elección unos carísimos platos hechos mierda. Al PAN le tocó pagar. No está libre de culpa. Es culpable de no haber sabido enfrentar la catástrofe, pero no es culpable de haberla provocado.
Ojalá todo fuera tan sencillo como votar y castigar. Ojalá todo fuera tan inmensamente fácil como lo es construir promesas en los spots de campaña. Ojalá todo fuera tan simple como lo es para medio millar de diputados terminar su periodo y largarse sin haber hecho absolutamente nada por el país que los mantuvo viviendo con insultantes privilegios. Una medicinita partidaria electoral para curar los síntomas de un mal sistémico, para un país canceroso empeñado en suicidarse.
En los últimos doce años de mi vida, domingo de elecciones ha significado domingo de trabajo extenuante. Ya fuera en Nuevo León o en Baja California, proceso electoral fue para mí sinónimo de chinga extrema y a menudo estéril. Durante las horas muertas de domingos siempre calientes, iba de una casilla a otra esperando cazar en el acto el brinco del mapache. Al final, todo quedaba en un teatro de patéticas redundancias. Acarreos, zipizapes doñiles y desgreñes de vecindad llevados a la casilla.
Mareas rojas, olas azules, una que otra madriza pandilleril, miles de reportes y denuncias, rumores de compra de votos y acarreos, ruedas de prensa emergentes y al final pan con lo mismo.
La verdadera joda comenzaba después de las 18:00, que es cuando el lector empieza a sentir la verdadera sed informativa. Al final de cuentas, lo que uno quiere saber al término de una jornada electoral, es quién chingados ganó y por cuánto. Las más de las veces, acababa durmiéndome a los dos o tres de la mañana para amanecer con periódicos espantosamente predecibles. La vida cambia y a veces cambia para bien. Por primera vez en doce años, un domingo de elecciones fue simplemente un “dormingo”, un apacible séptimo día sin sobresaltos. Lo siento por mis colegas o ex colegas reporteros. Yo hasta olvidé que había elecciones. No voté, porque no tengo credencial. Me fue robada y no alcancé a reponerla. En caso de haber contado con ella, mi voto, sobra decirlo, hubiera sido para el PAN. Sí, en el mundo de lo ideal o lo brutalmente honesto, sigo siendo un anarquista hormonal que se pregunta para qué carajos queremos democracia, pero en el mundo de lo real, lo tangible y lo práctico, tengo una camiseta azul y blanco: la de la selección de Argentina.
Si al país le gusta subirse a la máquina del tiempo y volver de vez en cuando a la prehistoria tricolor, es cosa que en Baja California nos importa muy poco. Somos la única entidad del país donde el PAN puede presumir un carro completo. Aquí sólo se jugaban diputaciones federales, pero el estado, como siempre, se pintó de azul profundo. Ni las manos metió el tricolor y los otros partidos simplemente no existen. Somos el ensueño panista.
Lo que más me hace feliz de esta elección, es el triunfo del PAN en Sonora o más bien dicho la derrota de Bours y su pestilente mafia.
Hace poco menos de un año, en la reunión de gobernadores fronterizos en Hollywood, conocí a Eduardo Bours y el sólo verlo me generó una repugnancia extrema. Me pareció un tipo siniestro, peligroso, capaz de cualquier bajeza. Pocas veces un político me ha generado una primera impresión tan mala. Luego entonces, su derrota y la de su candidato me ponen contento, además de alegrarme por mi colega y amigo Jorge Morales, que trabaja en el equipo de Padrés.
En Nuevo León ganó un egresado de mi escuela llamado Rodrigo Medina, un tipo apenas un poquito mayor que yo quien estaba terminando la licenciatura en Derecho cuando yo estaba empezando. Con esto, mi escuela ya le dio a Nuevo León un gobernador y a Monterrey un alcalde (Felipe de Jesús Cantú también es uniregio) Sigan chingando a la Universidad Regiomontana hijos de puta. Nomás por eso me da orgullo el triunfo de Rodrigo aunque si he de ser honesto, en lo político debo albergar muchas dudas. Estoy absolutamente desvinculado del quehacer político regio, pero entiendo que el sexenio de Natividad fue un vil pedazo de mierda.
Algunos me lo han echado en cara. Apoyaste a Calderón y mira la mierda en que nos ahogamos…estaríamos mejor con Amlo. Imbéciles. Aún en medio de la tormenta lo sigo sosteniendo: Amlo hubiera sido la peor peste para el país. Es cuestión de verlo ahora, en su triste condición de payaso iracundo, desparramando en la basura el poco capital político que aún le queda, haciendo el ridículo con sus berrinches, con el PRD casi a nivel de partido chiquito, a punto de correrlo a patadas.
El Fortín y el Globo
Soy un fiel seguidor del futbol argentino. Casi todos los domingos estoy atento el partido de la fecha trasmitido por Fox Sport y por las noches suelo ver el resumen en Futbol de Primera. Al futbol mexicano lo sigo únicamente por los Tigres y la incurable pasión que en mi despierta este equipo, pero la verdad es que como liga, la de Argentina me parece infinitamente más interesante. A lo largo de mi vida he podido visitar ocho distintos estadios en Argentina y acudir a partidos de liga y Copa Sudamericana en aquel hermoso país al que tanto quiero. Los dos últimos torneos pamperos han tenido finales de alarido. El apertura terminó el pasado diciembre con un triple empate entre Boca, Tigre y San Lorenzo (ahí estuve en la Bombonera en la fecha 19 en un Boca 3-2 Colón) Al final, Boca se coronó por un miserable gol de diferencia, aunque el campeón debió ser Tigre. Pues bien, ayer el futbol argentino volvió a tener otro final de drama, emocionante e igualmente injusto. En la última fecha del torneo se enfrentaron el superlíder Huracán y el sublíder Velez Sarsfield. Un verdadero premio al futbol, pues fueron los dos equipos que mejor jugaron en el torneo. Me da gusto que Boca y River hayan quedado relegados y que el futbol haya premiado a quienes jugaron con alegría y deleite. A Velez le tengo cierto cariño, pues el estadio José Amalfitani en Liniers fue la primera cancha argentina que visité en mi vida, sin embargo, sentimentalmente estaba con Huracán. Me hubiera gustado ver campeón al Globo de Parque Patricios y le bastaba empatar para serlo. Sin embargo, siempre supe que Huracán perdería. Estaba vestido de héroe caído, de campeón sin corona. Los entrenadores poetas como Ángel Cappa están destinados a no levantar copas y Huracán me parece un cuadro épico destinado al sufrimiento. Un final con toda la pasión, el drama y los imponderables (granizo incluido) de los que sólo Argentina es capaz. Tango en estado puro. Un gol legítimo anulado a Huracán. Penal polémico fallado y el gol del triunfo de Velez con artera falta sobre el arquero. Sangre, invasión de cancha, llanto, pasión. Bronca y entrevero.
Ojalá todo fuera tan sencillo como votar y castigar. Ojalá todo fuera tan inmensamente fácil como lo es construir promesas en los spots de campaña. Ojalá todo fuera tan simple como lo es para medio millar de diputados terminar su periodo y largarse sin haber hecho absolutamente nada por el país que los mantuvo viviendo con insultantes privilegios. Una medicinita partidaria electoral para curar los síntomas de un mal sistémico, para un país canceroso empeñado en suicidarse.
En los últimos doce años de mi vida, domingo de elecciones ha significado domingo de trabajo extenuante. Ya fuera en Nuevo León o en Baja California, proceso electoral fue para mí sinónimo de chinga extrema y a menudo estéril. Durante las horas muertas de domingos siempre calientes, iba de una casilla a otra esperando cazar en el acto el brinco del mapache. Al final, todo quedaba en un teatro de patéticas redundancias. Acarreos, zipizapes doñiles y desgreñes de vecindad llevados a la casilla.
Mareas rojas, olas azules, una que otra madriza pandilleril, miles de reportes y denuncias, rumores de compra de votos y acarreos, ruedas de prensa emergentes y al final pan con lo mismo.
La verdadera joda comenzaba después de las 18:00, que es cuando el lector empieza a sentir la verdadera sed informativa. Al final de cuentas, lo que uno quiere saber al término de una jornada electoral, es quién chingados ganó y por cuánto. Las más de las veces, acababa durmiéndome a los dos o tres de la mañana para amanecer con periódicos espantosamente predecibles. La vida cambia y a veces cambia para bien. Por primera vez en doce años, un domingo de elecciones fue simplemente un “dormingo”, un apacible séptimo día sin sobresaltos. Lo siento por mis colegas o ex colegas reporteros. Yo hasta olvidé que había elecciones. No voté, porque no tengo credencial. Me fue robada y no alcancé a reponerla. En caso de haber contado con ella, mi voto, sobra decirlo, hubiera sido para el PAN. Sí, en el mundo de lo ideal o lo brutalmente honesto, sigo siendo un anarquista hormonal que se pregunta para qué carajos queremos democracia, pero en el mundo de lo real, lo tangible y lo práctico, tengo una camiseta azul y blanco: la de la selección de Argentina.
Si al país le gusta subirse a la máquina del tiempo y volver de vez en cuando a la prehistoria tricolor, es cosa que en Baja California nos importa muy poco. Somos la única entidad del país donde el PAN puede presumir un carro completo. Aquí sólo se jugaban diputaciones federales, pero el estado, como siempre, se pintó de azul profundo. Ni las manos metió el tricolor y los otros partidos simplemente no existen. Somos el ensueño panista.
Lo que más me hace feliz de esta elección, es el triunfo del PAN en Sonora o más bien dicho la derrota de Bours y su pestilente mafia.
Hace poco menos de un año, en la reunión de gobernadores fronterizos en Hollywood, conocí a Eduardo Bours y el sólo verlo me generó una repugnancia extrema. Me pareció un tipo siniestro, peligroso, capaz de cualquier bajeza. Pocas veces un político me ha generado una primera impresión tan mala. Luego entonces, su derrota y la de su candidato me ponen contento, además de alegrarme por mi colega y amigo Jorge Morales, que trabaja en el equipo de Padrés.
En Nuevo León ganó un egresado de mi escuela llamado Rodrigo Medina, un tipo apenas un poquito mayor que yo quien estaba terminando la licenciatura en Derecho cuando yo estaba empezando. Con esto, mi escuela ya le dio a Nuevo León un gobernador y a Monterrey un alcalde (Felipe de Jesús Cantú también es uniregio) Sigan chingando a la Universidad Regiomontana hijos de puta. Nomás por eso me da orgullo el triunfo de Rodrigo aunque si he de ser honesto, en lo político debo albergar muchas dudas. Estoy absolutamente desvinculado del quehacer político regio, pero entiendo que el sexenio de Natividad fue un vil pedazo de mierda.
Algunos me lo han echado en cara. Apoyaste a Calderón y mira la mierda en que nos ahogamos…estaríamos mejor con Amlo. Imbéciles. Aún en medio de la tormenta lo sigo sosteniendo: Amlo hubiera sido la peor peste para el país. Es cuestión de verlo ahora, en su triste condición de payaso iracundo, desparramando en la basura el poco capital político que aún le queda, haciendo el ridículo con sus berrinches, con el PRD casi a nivel de partido chiquito, a punto de correrlo a patadas.
El Fortín y el Globo
Soy un fiel seguidor del futbol argentino. Casi todos los domingos estoy atento el partido de la fecha trasmitido por Fox Sport y por las noches suelo ver el resumen en Futbol de Primera. Al futbol mexicano lo sigo únicamente por los Tigres y la incurable pasión que en mi despierta este equipo, pero la verdad es que como liga, la de Argentina me parece infinitamente más interesante. A lo largo de mi vida he podido visitar ocho distintos estadios en Argentina y acudir a partidos de liga y Copa Sudamericana en aquel hermoso país al que tanto quiero. Los dos últimos torneos pamperos han tenido finales de alarido. El apertura terminó el pasado diciembre con un triple empate entre Boca, Tigre y San Lorenzo (ahí estuve en la Bombonera en la fecha 19 en un Boca 3-2 Colón) Al final, Boca se coronó por un miserable gol de diferencia, aunque el campeón debió ser Tigre. Pues bien, ayer el futbol argentino volvió a tener otro final de drama, emocionante e igualmente injusto. En la última fecha del torneo se enfrentaron el superlíder Huracán y el sublíder Velez Sarsfield. Un verdadero premio al futbol, pues fueron los dos equipos que mejor jugaron en el torneo. Me da gusto que Boca y River hayan quedado relegados y que el futbol haya premiado a quienes jugaron con alegría y deleite. A Velez le tengo cierto cariño, pues el estadio José Amalfitani en Liniers fue la primera cancha argentina que visité en mi vida, sin embargo, sentimentalmente estaba con Huracán. Me hubiera gustado ver campeón al Globo de Parque Patricios y le bastaba empatar para serlo. Sin embargo, siempre supe que Huracán perdería. Estaba vestido de héroe caído, de campeón sin corona. Los entrenadores poetas como Ángel Cappa están destinados a no levantar copas y Huracán me parece un cuadro épico destinado al sufrimiento. Un final con toda la pasión, el drama y los imponderables (granizo incluido) de los que sólo Argentina es capaz. Tango en estado puro. Un gol legítimo anulado a Huracán. Penal polémico fallado y el gol del triunfo de Velez con artera falta sobre el arquero. Sangre, invasión de cancha, llanto, pasión. Bronca y entrevero.
Wednesday, July 01, 2009
Así, sin decir agua va, se fue al carajo la primera mitad del año. Decir que el tiempo corre como un corcel desbocado sería ya un lugar común, una obviedad insoportable. Cuando niño, el tiempo era una carreta tirada por tortugas a las que a toda costa querías apurar. Ahora, en plena edad adulta, el tiempo es un tren bala que corre descontrolado frente a nosotros y al que no podemos detener por más esfuerzos que hagamos.
Aunque estamos en pleno verano y por primera vez en lo que va del año hace un poco de calor en Tijuana, yo siento ya la cuenta regresiva hacia el invierno. En Tijuana siempre he preferido los veranos, mientras que en Monterrey siempre deseaba la llegada del invierno. Por supuesto, hoy la cuenta regresiva significa mucho más que una simple estación del año. El arribo del invierno significará la llegada del Conejito. Tendremos un Conejito navideño, un bebé de frío y sólo por eso el invierno será bello. Muchos años después, la Navidad volverá a tener sentido.
Después de diez años de reportar “sin novedad en el frente”, todo tuvo a bien suceder en el 2009...y lo que falta todavía. Recuerdo la madrugada del 1 de enero, hace seis meses, cuando aguardaba en el aeropuerto de Monterrey la salida del avión que me llevaría a Tijuana. Hoy ya nada es igual. La vida gira hacia una sonrisa y a veces me jura que tiene sentido.
Dime lo que compras y te diré quien eres. Carolina y yo cumplimos diez años de casados el pasado viernes. A lo largo de esta década ha habido actividades y escenas de vida cotidiana que se han repetido cientos de veces. Vaya, si quisiéramos mostrar estos diez años en instantes o diapositivas, nos encontraríamos, por ejemplo, que varios cientos de veces hemos estado cenando en un restaurante. Otras tantas escenas nos muestran en carnes asadas dominicales o veladas sabatinas. En muchísimas de estas imaginarias diapositivas aparecemos comprando algún antojo en el supermercado (léase vinos, quesos o locherías diversas) pero en la historia de esta pareja, nunca en diez años habían aparecido comprando una carreola, un portabebé y un corralito. El primer regalo que compré para el Conejito, fue un trajecito de seda chino que le escogí en Shanghai el mismo día en que me enteré que vendría. Hasta ahora las compras habían sido conservadoras, pero el pasado domingo comenzamos la adquisición de mobiliario bebé. Por el tipo de objetos que se encuentran hoy en día en nuestra casa, puede intuirse que un nuevo habitante viene en camino.
No todos los fines de semana se cumplen diez años de casado y no todos los fines de semana recibes la visita de un amigo al que no veías hace años. Luego entonces fue un fin de semana movido, si bien el viernes algún marlin desalmado le jugó una broma pesada a mi estómago (como el jueves comí tacos de marlin en tres lugares diferentes, sólo puedo saber que uno de estos pescados tuvo a bien romperme la panza con su espada, pero aún no logro adivinar cuál de los tres animalejos fue el criminal) El sábado, ya casi recuperado, emprendimos una nueva expedición a la Cenicienta del Pacífico. La vida suele jurarte que es bella cuando disfrutas una rica comida en Bodegas de Santo Tomás y contemplas un atardecer en el malecón ensenadense. Santificamos el domingo con el tijuanense ritual de cruzar la línea (mi amigo Salvador Adame ha vivido ya la más tijuanera de las ceremonias) Compras para el Conejito y paseo turístico por la sandieguez. Botanita en el Rock Bottom para ver a Brasil voltearle la tortilla a los gringos en la Confederaciones (por primera vez en mi vida, vi varios bares atestados de gabachos que seguían entretenidos y hasta apasionados un juego de futbol soccer)
La vida suele jurarte que no es bella, sino bellísima cuando contemplas la tarde y la Isla Coronado con los píes metidos en el Pacífico sentado en el embarcadero de Sea Port Village. Muchas veces he dicho que San Diego es como una novia frígida, una chica bellísima que coge con frialdad, pero el domingo casi juro que sí estoy enamorado de ella, que esta ciudad que tenemos por vecinita no sólo es bella, sino que a veces tiene un poco de alma.
Aunque estamos en pleno verano y por primera vez en lo que va del año hace un poco de calor en Tijuana, yo siento ya la cuenta regresiva hacia el invierno. En Tijuana siempre he preferido los veranos, mientras que en Monterrey siempre deseaba la llegada del invierno. Por supuesto, hoy la cuenta regresiva significa mucho más que una simple estación del año. El arribo del invierno significará la llegada del Conejito. Tendremos un Conejito navideño, un bebé de frío y sólo por eso el invierno será bello. Muchos años después, la Navidad volverá a tener sentido.
Después de diez años de reportar “sin novedad en el frente”, todo tuvo a bien suceder en el 2009...y lo que falta todavía. Recuerdo la madrugada del 1 de enero, hace seis meses, cuando aguardaba en el aeropuerto de Monterrey la salida del avión que me llevaría a Tijuana. Hoy ya nada es igual. La vida gira hacia una sonrisa y a veces me jura que tiene sentido.
Dime lo que compras y te diré quien eres. Carolina y yo cumplimos diez años de casados el pasado viernes. A lo largo de esta década ha habido actividades y escenas de vida cotidiana que se han repetido cientos de veces. Vaya, si quisiéramos mostrar estos diez años en instantes o diapositivas, nos encontraríamos, por ejemplo, que varios cientos de veces hemos estado cenando en un restaurante. Otras tantas escenas nos muestran en carnes asadas dominicales o veladas sabatinas. En muchísimas de estas imaginarias diapositivas aparecemos comprando algún antojo en el supermercado (léase vinos, quesos o locherías diversas) pero en la historia de esta pareja, nunca en diez años habían aparecido comprando una carreola, un portabebé y un corralito. El primer regalo que compré para el Conejito, fue un trajecito de seda chino que le escogí en Shanghai el mismo día en que me enteré que vendría. Hasta ahora las compras habían sido conservadoras, pero el pasado domingo comenzamos la adquisición de mobiliario bebé. Por el tipo de objetos que se encuentran hoy en día en nuestra casa, puede intuirse que un nuevo habitante viene en camino.
No todos los fines de semana se cumplen diez años de casado y no todos los fines de semana recibes la visita de un amigo al que no veías hace años. Luego entonces fue un fin de semana movido, si bien el viernes algún marlin desalmado le jugó una broma pesada a mi estómago (como el jueves comí tacos de marlin en tres lugares diferentes, sólo puedo saber que uno de estos pescados tuvo a bien romperme la panza con su espada, pero aún no logro adivinar cuál de los tres animalejos fue el criminal) El sábado, ya casi recuperado, emprendimos una nueva expedición a la Cenicienta del Pacífico. La vida suele jurarte que es bella cuando disfrutas una rica comida en Bodegas de Santo Tomás y contemplas un atardecer en el malecón ensenadense. Santificamos el domingo con el tijuanense ritual de cruzar la línea (mi amigo Salvador Adame ha vivido ya la más tijuanera de las ceremonias) Compras para el Conejito y paseo turístico por la sandieguez. Botanita en el Rock Bottom para ver a Brasil voltearle la tortilla a los gringos en la Confederaciones (por primera vez en mi vida, vi varios bares atestados de gabachos que seguían entretenidos y hasta apasionados un juego de futbol soccer)
La vida suele jurarte que no es bella, sino bellísima cuando contemplas la tarde y la Isla Coronado con los píes metidos en el Pacífico sentado en el embarcadero de Sea Port Village. Muchas veces he dicho que San Diego es como una novia frígida, una chica bellísima que coge con frialdad, pero el domingo casi juro que sí estoy enamorado de ella, que esta ciudad que tenemos por vecinita no sólo es bella, sino que a veces tiene un poco de alma.
Monday, June 29, 2009
Mi amigo Salvador Adame ha venido a visitarme. Él es uno de los cuatro grandes amigos que hice en mi defeña adolescencia y hasta el momento el primero y único que se anima a venir hasta la lejanísima Tijuana.
El 5 de julio no voy a votar. No seré un abstencionista desidioso ni me sumaré a la campaña de voto blanco. Sucede que no tengo credencial del IFE. Mi credencial desapareció un día de enero del 2008 junto con mi visa laser, mi licencia, mis tarjetas de crédito y débito y de más chucherías que portaba en una cartera reportada como baja de guerra tras un concierto de Exodus en el House of Blues de San Diego. A la fecha he recuperado todos mis documentos menos la credencial del IFE.
Les juro que no es una regresión adolescente ni una borrachera con viejas cintas punketo- hardcoreras, pero hormonalmente me considero un anarquista. Vaya, en el terreno de lo ideal, considero que la anarquía es el estado más perfecto al que la humanidad puede aspirar. Mi consideración parte de una premisa simple: el gobierno, como aparato, es, en términos estrictamente prácticos, innecesario. Ojo, no voy a rasgarme las vestiduras con gritos “de no más policía no más represión” mientras me rompo los huesos en brutal slam hardcorero, ni voy a pedir el fin de la autoridad como ente represivo-coercitivo. Voy a referirme al asunto en términos más simples: el gobierno, como ente administrativo, es casi siempre estorboso e innecesario. Puedes perfectamente suplantarlo. El gobierno, todo gobierno (al menos en este país) es inmensamente gordo, obeso y la gente obesa difícilmente puede moverse con eficiencia y agilidad por la vida. El gobierno podría funcionar con la cuarta parte de gente y fungir únicamente como gestor o facilitador. Pero la democracia mexicana es alta en calorías.
Es precisamente nuestro quehacer democrático lo que engorda las nóminas oficiales. En una democracia como la mexicana, sólo es posible acceder al poder luego de incontables compromisos. Más allá del carisma, el ángel individual y su credibilidad, un gobernante accede al poder gracias a un sistema de complicidades y alianzas, que irremediablemente engorda el sistema hasta límites de patológica obesidad.
Cada vez me lo pregunto más menudo: ¿para qué queremos democracia? Ojo, la pregunta no es por qué queremos democracia sino para qué la queremos. Del por al para hay un abismo que sólo los hispano parlantes entendemos. Si mi pregunta fuera por qué, puedo ir escribiendo la patética perorata que recibiría por respuesta. Pero cuando pregunto para qué, la cosa cambia. El por remite a causas y el para a efectos, bastante prácticos por cierto y es precisamente en aguas de lo efectivo y lo práctico donde nuestra democracia irremediablemente naufraga. Al Juanito Pueblo que representa a esa inmensa mayoría de mexicanos pobres, la democracia, en términos prácticos, les sirve de muy poco. Vaya, digamos que tantas elecciones les benefician por la derrama en programas emergentes de desarrollo social y santacloses electoreros compulsivos, pero fuera de eso, el quehacer legislativo les viene guango. Después de todo, aunque la mayoría no lo sabe, creo que todos más o menos intuimos que nuestro parlamentarismo es una falacia.
El 5 de julio no voy a votar. No seré un abstencionista desidioso ni me sumaré a la campaña de voto blanco. Sucede que no tengo credencial del IFE. Mi credencial desapareció un día de enero del 2008 junto con mi visa laser, mi licencia, mis tarjetas de crédito y débito y de más chucherías que portaba en una cartera reportada como baja de guerra tras un concierto de Exodus en el House of Blues de San Diego. A la fecha he recuperado todos mis documentos menos la credencial del IFE.
Les juro que no es una regresión adolescente ni una borrachera con viejas cintas punketo- hardcoreras, pero hormonalmente me considero un anarquista. Vaya, en el terreno de lo ideal, considero que la anarquía es el estado más perfecto al que la humanidad puede aspirar. Mi consideración parte de una premisa simple: el gobierno, como aparato, es, en términos estrictamente prácticos, innecesario. Ojo, no voy a rasgarme las vestiduras con gritos “de no más policía no más represión” mientras me rompo los huesos en brutal slam hardcorero, ni voy a pedir el fin de la autoridad como ente represivo-coercitivo. Voy a referirme al asunto en términos más simples: el gobierno, como ente administrativo, es casi siempre estorboso e innecesario. Puedes perfectamente suplantarlo. El gobierno, todo gobierno (al menos en este país) es inmensamente gordo, obeso y la gente obesa difícilmente puede moverse con eficiencia y agilidad por la vida. El gobierno podría funcionar con la cuarta parte de gente y fungir únicamente como gestor o facilitador. Pero la democracia mexicana es alta en calorías.
Es precisamente nuestro quehacer democrático lo que engorda las nóminas oficiales. En una democracia como la mexicana, sólo es posible acceder al poder luego de incontables compromisos. Más allá del carisma, el ángel individual y su credibilidad, un gobernante accede al poder gracias a un sistema de complicidades y alianzas, que irremediablemente engorda el sistema hasta límites de patológica obesidad.
Cada vez me lo pregunto más menudo: ¿para qué queremos democracia? Ojo, la pregunta no es por qué queremos democracia sino para qué la queremos. Del por al para hay un abismo que sólo los hispano parlantes entendemos. Si mi pregunta fuera por qué, puedo ir escribiendo la patética perorata que recibiría por respuesta. Pero cuando pregunto para qué, la cosa cambia. El por remite a causas y el para a efectos, bastante prácticos por cierto y es precisamente en aguas de lo efectivo y lo práctico donde nuestra democracia irremediablemente naufraga. Al Juanito Pueblo que representa a esa inmensa mayoría de mexicanos pobres, la democracia, en términos prácticos, les sirve de muy poco. Vaya, digamos que tantas elecciones les benefician por la derrama en programas emergentes de desarrollo social y santacloses electoreros compulsivos, pero fuera de eso, el quehacer legislativo les viene guango. Después de todo, aunque la mayoría no lo sabe, creo que todos más o menos intuimos que nuestro parlamentarismo es una falacia.
La era del pájaro en mano
Desde un tiempo para acá, he entrado en la era del pájaro en mano. No me vengan con su albureada, cerebros cochambres. La era del pájaro en mano en la que ustedes están pensando la viví en la tempranísima adolescencia. Ahora, con la mente debidamente trapeada, me ajusto única y explícitamente al significado del refrán: Más vale pájaro en mano que ciento volando. Sí, lo confieso, soy un tipo de pájaro en mano, que piensa demasiado antes de dar un paso y tomar un riesgo. Si la vida fuera un partido de futbol (en muchos sentidos lo es) yo soy un técnico con tendencia defensiva que va ganándole 1-0 a la adversidad de la existencia y administra su humilde ventajita con un sistema ultra ordenado en donde ningún defensa se sale de su puesto y donde jamás se gasta un centavo irresponsablemente (regio había de ser) Hubo una época en la que veía volar cientos de pájaros y más de una vez me dio por cazarlos, aunque sin soltar el que tenía en la mano. Pero en el cielo del 2009 ya no vuelan muchas aves y el mundo se aferra desesperado a los desplumados pajarracos que yacen moribundos en sus puños.
He llegado también a la era de dejar correr el agua que no he de beber. La historia de lo que pudo haber sido es un caudaloso río donde corre toda el agua que no he bebido, las bocas no besadas, las palabras no escritas, las ciudades no recorridas. Pero en el agua no bebida también hay litros de veneno y sueños rotos. Ya que andamos chapoteando en aguas profundas, les narraré que este 2009 me azotó un tremendo zape y me echó en cara las mil y un veces que dije de esta agua no beberé. Sí, lo admito, peroré hasta la saciedad que jamás trabajaría en el gobierno y mira…por la boca murió este pez. Pero fue una muerte dulce. Pude haberme convertido en el perro flaco al que no le faltan pulgas, pero donde menos pensé, saltó la liebre y como hombre prevenido vale por dos y no hay mal que por bien no venga, puse diente agudo al pan duro y aquí me tienes.
Puse buena cara al mal tiempo y si bien no podría afirmar que nací con estrella, claro me queda que no nací estrellado.
Lo confieso, algunas veces me dio por sembrar vientos, pero hasta ahora no he recogido tempestades. Madrugo y Dios (en quien aún me niego a creer) me ayuda y si bien soy un puerco al que no le ha llegado su San Martín, he dejado de mirar el diente de mi gubernamental caballo regalado.2009: En año tuerto labrar un huerto.
Desde un tiempo para acá, he entrado en la era del pájaro en mano. No me vengan con su albureada, cerebros cochambres. La era del pájaro en mano en la que ustedes están pensando la viví en la tempranísima adolescencia. Ahora, con la mente debidamente trapeada, me ajusto única y explícitamente al significado del refrán: Más vale pájaro en mano que ciento volando. Sí, lo confieso, soy un tipo de pájaro en mano, que piensa demasiado antes de dar un paso y tomar un riesgo. Si la vida fuera un partido de futbol (en muchos sentidos lo es) yo soy un técnico con tendencia defensiva que va ganándole 1-0 a la adversidad de la existencia y administra su humilde ventajita con un sistema ultra ordenado en donde ningún defensa se sale de su puesto y donde jamás se gasta un centavo irresponsablemente (regio había de ser) Hubo una época en la que veía volar cientos de pájaros y más de una vez me dio por cazarlos, aunque sin soltar el que tenía en la mano. Pero en el cielo del 2009 ya no vuelan muchas aves y el mundo se aferra desesperado a los desplumados pajarracos que yacen moribundos en sus puños.
He llegado también a la era de dejar correr el agua que no he de beber. La historia de lo que pudo haber sido es un caudaloso río donde corre toda el agua que no he bebido, las bocas no besadas, las palabras no escritas, las ciudades no recorridas. Pero en el agua no bebida también hay litros de veneno y sueños rotos. Ya que andamos chapoteando en aguas profundas, les narraré que este 2009 me azotó un tremendo zape y me echó en cara las mil y un veces que dije de esta agua no beberé. Sí, lo admito, peroré hasta la saciedad que jamás trabajaría en el gobierno y mira…por la boca murió este pez. Pero fue una muerte dulce. Pude haberme convertido en el perro flaco al que no le faltan pulgas, pero donde menos pensé, saltó la liebre y como hombre prevenido vale por dos y no hay mal que por bien no venga, puse diente agudo al pan duro y aquí me tienes.
Puse buena cara al mal tiempo y si bien no podría afirmar que nací con estrella, claro me queda que no nací estrellado.
Lo confieso, algunas veces me dio por sembrar vientos, pero hasta ahora no he recogido tempestades. Madrugo y Dios (en quien aún me niego a creer) me ayuda y si bien soy un puerco al que no le ha llegado su San Martín, he dejado de mirar el diente de mi gubernamental caballo regalado.2009: En año tuerto labrar un huerto.
Friday, June 26, 2009
Monday, June 22, 2009
Es un niño. Parece ser que nuestro hijo deseaba despejar rápidamente la duda, pues posó para la foto y la verdad no dejó mucho lugar a interpretaciones. Nos ha puesto muy en claro que es Conejito y no Conejita. Confieso que me hubiera gustado reservar la sorpresa hasta el día de su nacimiento, pero la curiosidad es más fuerte y hoy ya lo sabemos. Seremos papás de un hombre. En las últimas semanas nos habíamos hecho a la idea de que sería una niña. Mi hermana Ana Lucía tendrá una pequeña poco más de un mes antes que nosotros y por si fuera poco, mi padrino José Manuel, con buen record en profecías sobre la cigüeña, apostó que tendríamos una bebita. Pues bien, las profecías fallaron y ahora que las dudas han sido despejadas, surge el dilema de dilemas: ¿Cómo va a llamarse el Conejito?
